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Sorpresa, decepción o simple manipulación 

William Tello

Por: William Tello

Definitivamente a veces la política internacional nos decepciona, pero al tiempo nos confirma que los intereses que están bajo la mesa priman por encima de lo que a todo nivel podemos imaginarnos. Son dos los sucesos que me sorprenden: el primero son las reacciones del gobierno venezolano por la visita del representante de la oposición Henrique Capriles a Colombia y, el segundo el titular que ocupa nuestra primera pagina en esta edición que trata sobre la decisión del gobierno de los Estados Unidos de concertar una agenda para el restablecimiento de las relaciones con el gobierno venezolano. Vamos con el primer suceso que se creía había partido desde la visita a Colombia de Joe Biden, Vicepresidente de Estados Unidos. Biden no escatimó elogios hacia las acciones del gobierno colombiano en cabeza de Juan Manuel Santos en la búsqueda de la paz, al referirse a los diálogos de la habana con las FARC que tanto se han criticado a nivel interno en Colombia; también dijo que anteriormente cuando se visitaba a Colombia se preguntaba ¿Qué podemos hacer por ustedes? Y que ahora la pregunta se tenía que hacer de diferente manera: ¿Qué podemos hacer con ustedes?; igualmente le dio respaldo al gobierno en sus intenciones de adherirse a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico conocido por sus siglas OCDE; también afirmó que la llamada Alianza del Pacífico que recientemente fue creada y que lidera el presidente colombiano era de su interés y que iba a solicitar el ingreso de los Estados Unidos en calidad de observador. Es decir la visita del Vice fue fructífera para un gobierno que necesitaba un alivio ante la decreciente popularidad; me refiero a la popularidad de Santos, no a la de Obama que también se ha perdido, y cada vez con más fuerza. Pero fuimos muchas las personas que pensábamos que parte de las conversaciones no divulgadas entre Santos y Biden, trataron el asunto venezolano y que por ello el presidente Juan Manuel Santos, cuando aún se limpiaba la alfombra por la salida del Vicepresidente americano, recibió en palacio a Henrique Capriles, presidente electo de Venezuela; digo esto aunque a los “maduristas” o mal llamados revolucionarios les duela. La reunión entre Capriles el presidente electo venezolano y Santos fue cordial y su recibimiento demostraba una contrariedad en la política colombiana, porque Santos se apresuró a respaldar a Nicolás Maduro después de las elecciones, de hecho fue uno de los primeros mandatarios que extendió sus felicitaciones al “supuesto” elegido. Por ello resultaba extraño que habiendo brindado semejante respaldo, ahora recibiera en palacio a quien afirma ser el elegido: Capriles (Y bien que sí lo es, recalco).

“La reacción de Maduro fue trajearse

de verde olivo sin ser militar”

La reacción venezolana no se hizo esperar. Al mejor estilo grotesco, perdón, chavista o revolucionario, los epítetos y amenazas empezaron a salir de la desaforada boca de los rojos. Se habló de traición, de puñaladas por la espalda, de asesinatos, de envenenamientos, de agresión, de patadas a la mesa de las relaciones, del retiro de funcionarios de la mesa de negociaciones de la Habana, de desestabilización, de operaciones encubiertas y hasta de los planes del imperio. De verdad todo esto da risa, pero al mismo tiempo rabia. Porque con el cuento de que las relaciones con Venezuela se manejan a través de los canales diplomáticos y no de los micrófonos, refiriéndose a los medios de comunicación, pues los colombianos no tuvimos la oportunidad de ver al presidente defendiendo a nuestro país de semejantes improperios, amenazas y vinculación a supuestos asesinatos internacionales, según dijo el bocón de Maduro. Y peor aún, lanzando amenazas sobre la continuidad de las conversaciones de paz. Como ya me había expresado en las redes sociales, prefiero 50 años más de guerra frontal contra los terroristas, que presenciar a casi 50 millones de colombianos arrodillados al régimen castrista-madurista. Y para rematar, a los pocos días Juan Manuel Santos dispara al aire, al decir que Colombia buscaría ser aceptado como miembro de la OTAN. Y allí si fue peor, primero porque técnicamente Colombia no puede pertenecer a ese organismo, lo que significa que Santos se equivocó al decir lo que realmente quería y segundo porque la reacción de Maduro fue trajearse de verde olivo sin ser militar, para salir a los medios diciendo que analizaría la situación de emergencia creada por la supuesta adhesión de Colombia a la OTAN. Que payaso ese Maduro. Afortunadamente Venezuela tiene un presidente electo decente que no ha permitido que se derrame sangre en el vecino país por culpa de los usurpadores del poder. Pero lo que más me causó sorpresa fue el segundo hecho que resalta nuestra portada: El Secretario de Estado John Kerry dijo en rueda de prensa que habló con su homologo venezolano Elías Jaua y que acordaron establecer una agenda de trabajo que permita restablecer las relaciones bilaterales, planteando el objetivo de pasar rápidamente al nombramiento de embajadores ausentes desde el 2.010. Mientras unos funcionarios exigieron el reconteo de votos solicitado y exigido por la oposición, el Secretario de Estado tiende la alfombra roja. Yo pensé que este tipo de ambivalencias solo se daban en Colombia. Pero la verdad es que no sé cómo reaccionar ante esto, si acaso con sorpresa, con decepción o simplemente aceptando que estamos frente a toda una manipulación de oscuros u ocultos intereses de otra índole. Juzgue usted.

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