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Un mes de las nuevas cooperativas en Cuba entre las expectativas del Gobierno 

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La Habana, 31 jul (EFE).- Las primeras cooperativas de servicios en Cuba cumplen mañana su primer mes entre las expectativas del Gobierno porque logren resucitar deficientes servicios antes estatales y el entusiasmo de los nuevos socios que sin embargo lidian con el freno de contar con poco capital.
La iniciativa es completamente novedosa en un país que en los últimos 50 años de revolución sólo permitió el cooperativismo agrícola, y que ahora intenta reestructurar su sistema económico con un plan de reformas impulsado por el Gobierno de Raúl Castro para “actualizar” el socialismo cubano.
Según el diseño de las reformas, la empresa estatal socialista es el eje central de la economía, escoltada por el esperado desarrollo de las cooperativas y del sector privado, cuyo alcance ahora se concentra y limita prácticamente a la gestión de determinados servicios y no a las actividades productivas.
De las 124 cooperativas creadas en el país a partir del 1 de julio, la mayoría surgió del sector estatal para ocuparse de la venta de productos agrícolas, operaciones de construcción, o servicios del transporte, uno de los sectores más carentes y problemáticos de Cuba.
Martin Betancourt, de 60 años y con 42 de experiencia en el mundo del transporte estatal, se estrenó como presidente de una cooperativa de taxis colectivos en La Habana, creada a partir de una antigua terminal del Estado, y asegura que “la diferencia es notable, pero la responsabilidad es toda”.
Betancourt y sus socios han escrito sus propios estatutos, promueven una alianza con otra cooperativa similar, buscan duplicar la cifra de vehículos arrendados con que trabajan, y esperan que sus ingresos crezcan alrededor de un 700 por ciento sobre el salario que tenían como empleados públicos.
Tienen facilidades de pago de 10 y cinco años para arrendar el inmueble y los vehículos, respectivamente, que a su vez pertenecen a la misma empresa estatal para la que trabajaban antes.
Además de ese tipo de contratos de arriendo, las nuevas cooperativas tienen varias cosas en común: plantillas mínimas -han hecho una drástica reducción del personal administrativo- facilidades de crédito bancario, beneficios tributarios, acceso a cursos de capacitación y trabajadores más “motivados”.
“No hay terceras personas, nosotros somos los que decidimos el camino a tomar (…) las expectativas son amplias y buenas”, dijo a Efe Alexander Leyva, un ingeniero mecánico de 32 años que lidera la otra cooperativa de taxis que existe en la ciudad.
El Gobierno cree que las cooperativas podrían revertir la ineficacia de actividades tradicionalmente a cargo del Estado y sin “peso significativo” en el desarrollo económico de la isla, pero también ha reconocido que se trata de un “proceso de experimentación” y no habrá impacto económico “inmediato”.
En buena medida, ese impacto trasciende la competencia de los socios y depende de necesarias y organizadas inyecciones de capital, que muchos no tienen idea de dónde sacar.
“Estas cooperativas nacen con lo que tienen. Yo hubiera querido empezar con equipos nuevos que garanticen un servicio de calidad las 24 horas del día y sin más preocupación que darles mantenimiento”, dijo a Efe Reynaldo González, quien ahora lidera un vetusto taller de auxilio a vehículos en la vía.
Él y sus socios dieron un aporte inicial de 500 pesos (21 dólares) y solicitaron un crédito bancario de 170.000 pesos cubanos (7.083 dólares), pero en total fue una suma insuficiente para modernizar el parque de grúas y camiones de la era soviética que la empresa estatal arrendadora tampoco pudo sustituir en las últimas décadas.
“Quiero ser rentable, no quiero decepcionar al Estado ni a mis socios, pero es como yo les dije a ellos: aquí lo que tenemos que hacer es echar pa’alante y empezamos con esto”, afirmó un optimista González.
Su salario como mecánico del mismo taller no llegaba antes a 300 pesos cubanos (unos 13 dólares) en un país donde el sueldo promedio es de 466 pesos (19 dólares) y en el que la situación de los bajos ingresos se suma a los conflictos creados por la circulación de dos monedas.
Por ejemplo, el Gobierno ha establecido una tasa de cambio más favorable a la del mercado corriente entre el peso cubano y el CUC (peso convertible y moneda dura del país) para determinadas cooperativas, con tal de “compensar sus gastos” y que no alcen los precios a servicios de interés social, como el propio transporte.
“Hay grandes empresas en el mundo que han nacido así, con un poquito, y lo han logrado. Lo que sí tiene que haber es unidad”, dijo a Efe González, de 41 años.

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