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La ejecución de Yabarí, un duro golpe a los derechos de las mujeres en Irán 

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Teherán, 25 oct (EFE).- Los llamamientos internacionales no han funcionado y las autoridades iraníes ahorcaron hoy a Reihané Yabarí, la joven condenada por matar al hombre que, según ella, trató de violarla y cuyo caso movilizó al mundo en defensa de los derechos de las mujeres en Irán.
Para muchos activistas, organizaciones de derechos humanos y su familia, esta ejecución supone un duro golpe para el derecho de las mujeres a actuar en defensa propia y a contar con un juicio justo en Irán, un país en el que rige la sharía (ley islámica) y donde solo los varones pueden ser jueces.
“¡Han ahorcado a mi hija!, ¡Han ahorcado a mi hija!, ¡Me la han quitado!”, se lamentaba a gritos y entre sollozos su madre, la conocida actriz iraní Shole Pakravan en su pequeño y humilde apartamento cerca de Shariatí, en el norte de Teherán.
La mujer, cubierta con un pañuelo azul con dibujos de pájaros que escapan de una jaula y rodeada de sus familiares más cercanos y amigos del mundo del cine, lloraba bajo los efectos de un calmante.
La familia de Yabarí esperaba este trágico final desde hace un mes, tras las reiteradas negativas de la familia de la víctima -el médico Morteza Abdolalí Sarvandí, que había trabajado para el Ministerio de Inteligencia- a perdonar la vida de su hija.
El suceso tuvo lugar en 2006 y Yabarí, que tenía entonces 19 años, fue condenada a muerte tres años más tarde en un proceso que, según varias organizaciones internacionales, no tuvo las garantías necesarias e incluyó confesiones extraídas bajo tortura.
“Esto no es justicia, si alguien actúa en defensa propia ninguna sociedad lo considera un crimen, nuestra ley también lo contempla, pero los jueces se negaron a ver que mi hija se estaba defendiendo”, dijo a Efe Pakravan entre lágrimas.
El padre, Fereidún Yabarí, recomendó a las jóvenes iraníes que “para no acabar en la horca, dejen que las violen”.
“En Irán, las jóvenes tendrán que elegir entre dar su juventud (perder la vida) o su honor sexual”, señaló a Efe con rabia contenida, antes de preguntarse: “Si esto le sucede algún día a una mujer casada, ¿qué ocurriría?”.
“Si la mujer acepta la violación, la tendrán que lapidar y si se resiste, la ahorcarán por el guesas (ley islámica de “retribución” que exige el pago de sangre con sangre)”, dice indignado.
La madre, con la mirada perdida en el infinito, lamenta que su hija “en doce días iba a cumplir 27 años” y cuenta que ayer pudo estar con ella entre las 17.00 y las 18.10 horas locales, pero entonces todavía no sabía cuándo iba a ser ahorcada.
“En ese tiempo vino tres veces a sentarse en mis rodillas y me pidió que me calmase y que dejase de luchar”, explicó. Tras más de siete años en prisión, la joven había perdido la esperanza.
La familia se queja de no haber recibido información sobre cómo, cuando y donde iba a desarrollarse el ahorcamiento.
En los últimos días, varios de sus familiares y amigos más cercanos esperaban en distintas cárceles de Teherán para confirmar si Reihané había sido trasladada a alguna de ellas, hasta que a las 3.00 de hoy confirmaron que estaba en la prisión de Rayaishahr.
“Fuimos allí, pero no nos dejaron siquiera cruzar la acera. A las 6.30 nos enteramos por una agencia de noticias de que ya la habían matado y más tarde nos lo confirmaron los agentes, que no dejaron entrar ni a nuestra abogada”, protesta el padre.
“Ahora estamos esperando que nos entreguen el cadáver y mañana la enterraremos”, dijo con los ojos inundados en tristeza.
La madre, rodeada de sus hijas Shahrzad y Shararé, se queja de las torturas que sufrió Reihané para confesar y asegura que todavía tenía en la espalda señales de los golpes.
Entre los supuestos hechos que confesó forzosamente está la compra de un cuchillo el día anterior a los hechos.
A finales de septiembre, la joven fue trasladada a Rayaishahr, pero las campañas contra la ejecución lograron que se pospusiese.
Organizaciones como Amnistía Internacional o Human Rights Watch, pidieron cancelar la sentencia y repetir el juicio, lo que también reclamó la Unión Europea y el relator especial de la ONU para los derechos humanos en Irán, Ahmed Shaheed.
Más de 240.000 personas firmaron una carta en internet impulsada por la plataforma Avaaz para que suspendiera la ejecución y en Facebook hay páginas para apoyar su causa, como “Yo soy Reihané Yabarí” o “Salvemos a Reihané Yabarí de la ejecución en Irán”.
Este último mes las autoridades iraníes han mediado sin éxito para conseguir el perdón por parte de la familia del fallecido.
“Quiero que el derecho de la sangre de mi padre se cobre lo antes posible”, declaró a Efe hace dos semanas Yalal Sarvandí, hijo de la víctima, que hoy abrió la trampilla por la que cayó el cuerpo de Reihané, según su familia. Ana Cárdenes y Artemis Razmipour

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