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Tras la huella de la estafadora que convertía quesos en cosméticos 

Tras la huella de la estafadora que convertía quesos en cosméticos
Escapó a la Justicia belga refugiándose en la ciudad mexicana de Puerto Vallarta (en la imagen), donde bajo la falsa identidad de una adinerada suiza se paseaba en su Jaguar y organizaba fastuosas veladas, hasta que la policía descubrió en 1990 que manejaba seis pasaportes con identidades diferentes. EFE/Archivo

París, 13 mar (EFE).- Prometía convertir quesos en cosméticos y, en el camino, importantes ganancias para miles de personas en México, Perú y Chile, defraudadas en una estafa piramidal que la francesa “Madame Gil” convirtió casi en un arte.
Gilbert van Erpe es hoy una sexagenaria de débil salud, motivo por el cual ha logrado que el proceso judicial que iba a abrirse en Francia por estafa haya sido retrasado hasta el verano.
Un accidente cerebral la salvó de acudir esta semana a la apertura del proceso que, sin la principal acusada, fue retrasado al 8 de junio próximo.
Pero, para los perjudicados por su fraude, ya es una primera victoria que un tribunal francés juzgue a “Madame Gil”, nombre con el que esta francesa logró embaucar a multitud de mujeres para cimentar un fraude que supera los 15 millones de euros.
Nacida en Jordania, Van Erpe se crió en África, en particular en la República Centroafricana, donde su hermana Astrid fue la primera de las siete esposas del emperador Bocassa.
Fue en ese continente donde conoció esta estafa piramidal que durante años hizo en Sudáfrica.
Antigua vendedora de cosméticos, Van Erpe creó un negocio que vendía como redondo: las mujeres compraban un producto lácteo que debían fermentar en su casa, fruto de lo cual surgía un cosmético que su misma empresa se comprometía a adquirir con una ganancia del 100 %.
El método funcionó en un primer momento, antes de que se desmontara el fraude y las autoridades chilenas incautaran toneladas del producto, maloliente, en un almacén de las afueras de Santiago de Chile.
Van Erpe acusó a su socio, el chileno Víctor Mella, de no haber respetado sus compromisos de compra del producto, pero para entonces la Justicia de ese país ya había comprobado la estafa: el producto vendido a las mujeres valía diez veces menos de lo que cobraban por él y el “queso” resultante no tenía ningún efecto cosmético.
Los afectados iniciaron una carrera procesal contra “Madame Gil” hasta que lograron que la Justicia francesa abriera un proceso.
Llegaron más lejos que los peruanos, que se quedaron solo con las condenas de sus socios en el país, al igual que los mexicanos.
Porque la fraudulenta carrera de la francesa había comenzado muchos años antes, en la Bélgica de los ochenta, cuando hizo que 3.400 ciudadanos produjeran un falso yogur con fines cosméticos.
Escapó a la Justicia belga refugiándose en la ciudad mexicana de Puerto Vallarta, donde bajo la falsa identidad de una adinerada suiza se paseaba en su Jaguar y organizaba fastuosas veladas, hasta que la policía descubrió en 1990 que manejaba seis pasaportes con identidades diferentes.
De vuelta a Bélgica, fue condenada a cinco años de cárcel hasta reinventarse formando pequeñas empresas que se fueron a la bancarrota, por lo que tuvo que abandonar el país.
Destino Perú, donde volvió a montar una estafa piramidal basada en hongos fermentados junto con el periodista y poeta local Homero Alcalde, el único condenado en el país cuando en 2004 la Justicia reveló el fraude.
“Madame Gil” escapó a Chile, donde los “hongos” mágicos se convirtieron a finales de 2004 en mágicos “quesitos” para alimentar su negocio vacío. Unos 5.500 chilenos pusieron grandes cantidades en manos de la estafadora, que se había creado un halo de generosidad.
“Algunos llegaron a hipotecar sus viviendas para invertir en el negocio, la confianza era total”, narra a Efe el abogado Jacques Boedels, que representa a 741 víctimas chilenas.
Un fraude que funcionó hasta 2006, cuando la francesa logró escapar de las garras de la Justicia chilena.
Pero una orden internacional de captura llegó hasta la policía francesa, que localizó su Jaguar abandonado en un almacén de las afueras de París y siguió su pista hasta la Costa Azul, donde fue arrestada en Niza en 2008.
Las partes civiles le reclaman dos millones de euros, pero Boedels indicó que “sería muy complicado obtener esa cantidad”, aunque no descarta recibir algo del Fondo público de Indemnización da Víctimas de Estafas.
Eso, si “Madame Gil” sobrevive para sentarse en un juzgado en lo que puede ser la última aventura de una estafadora con vida de novela.

Por Luis Miguel Pascual

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